viernes, 24 de febrero de 2012

¿Por qué no estalla el país con 5.273.600 parados?

Fuente: El Blog del Salmón
 
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Mucha gente se pregunta cómo es posible que con 5.273.600 parados la estructura básica del país se mantenga en pie. La situación es dramática. La tasa de paro actual asciende al 22,85% y se aproxima a la de los peores años del gobierno de Felipe González, cuando alcanzó el 24,55% en 1994. Lo cierto es que en aquellos nefastos años la población española era más pequeña y el método de cálculo totalmente diferente. Según un análisis del Banco de España, si el paro de aquel año se calculase con los criterios actuales equivaldría al 18,2%, lo cuál nos da una magnitud de la gravedad del problema. En la actualidad, sin embargo, la cifra se cocina con sofisticada ingeniería estadística y aún así supera los cinco millones de parados.

En un país en el que una de cada cuatro personas no encuentra trabajo debería existir una crispación social que pusiese en jaque a cualquier Gobierno. Sin embargo, la sensación de calma en nuestro país impregna el ambiente con una falsa sensación de tranquilidad y no gravedad. ¿Qué es lo que nos ocurre? ¿Por qué esta situación tan dramática no nos hace salir a la calle a quemar contenedores y exigir soluciones? A mi modo de ver, las razones son varias:

  • El papel sobreprotector de la familia. Muchos jóvenes abandonaron prematuramente el nido familiar en años de bonanza económica: mientras unos optaron por compartir casa con amigos, otros se casaron y dieron rienda suelta a sus historias de amor. Con su posterior expulsión del mercado laboral, muchos de estos jóvenes no han tenido más remedio que volver a casa de sus padres, donde nunca les faltará un plato de comida encima de la mesa. El papel de las familias en estos casos ha sido crucial para que el trance del desempleo no destruyese las vidas de estas personas.
  • La economía sumergida. Según un estudio de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) la economía sumergida en España representa actualmente el 21,5% del PIB. En términos de empleo se estima que entre los años 2006 y 2008 la economía sumergida podría haber gestionado cuatro millones de empleos. Cada vez es más frecuente encontrar gente técnicamente desempleada que realiza trabajos en B para complementar el subsidio de desempleo que cobra del Estado. Este fraude ha llegado a formar parte de la idiosincracia nacional y se mantiene descaradamente como invisible a los ojos de la ley.
  • La espera de tiempos peores. La negatividad impregnada en el ambiente es terrorífica. En pocos meses, la gente ha pasado de negar la existencia de la crisis (desaceleración, decían) a ser conscientes de que lo peor aún está por llegar. Ante esta situación, tener trabajo se ha convertido en un privilegio cuándo en realidad es un derecho constitucional. La ciudadanía se muestra indiferente y resignada ante una posible mejora de la situación económica ya que creen que esta no va a existir a corto o medio plazo.
La mezcla de estas tres variables ha convertido en soportable una situación que es totalmente insostenible. Y si a esto le añadimos la escasa confianza de la población en la clase política y la pérdida del espíritu sindical, al servicio del Estado desde hace años, ¿cuál es el resultado? Pues un país desmoronándose y sin ilusiones inmerso en una espiral de autodestrucción sin precedentes.

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